Adoro caminar en círculos cuando llueve.
Recuerdo la ocasión en que nos conocimos, todo se sentía tan
riesgoso, el “tú y yo” parecía ser una casualidad que terminaría al menor paso
en falso. Aquella primera despedida parecía la última página de nuestro libro, me
atormentaba la idea de dejarte solo como un recuerdo.
Nuestro primer reencuentro tuvo un sabor muy parecido a la primera
vez que coincidimos, nos hicimos los tontos, no sabíamos trataros como
desconocidos, pero sentíamos miedo de reconocer lo que habíamos vivido. Seguro
que recuerdas la segunda vez que nos alejamos, gritando que fuimos un error que
no debió ser repetido.
En el tercer ciclo abundó el cinismo, sin ocultar resentimientos,
pero sin negar estar contentos de haber vuelto a un nuevo inicio, dejamos de
lado la vida que construimos en ausencia del otro, ignoramos el resto de
nosotros tanto como pudimos. Unos cuantos días grises que en mi memoria se
pintan como un sueño que, apenas despiertas, se olvida.
En la siguiente vuelta omitimos formalidades, sabías lo que
quería de ti y te ofrecí lo que querías de mí, con la salida del sol decidiste
irte, prometías haber cambiado y sería la última vez que vería.
Antes de terminar ese año me burlaba de tu hiriente discurso
de despedida mientras me besabas, moldeé mi rencor en lujuria y con pasión me
dejé llevar por la ira, no me importó que te fueras apenas te di lo que querías.
Meses u años, los “Hola” sobraban, no pedimos explicaciones,
no pedimos disculpas, no nos interesaba quienes éramos entonces, sabía quién
soy contigo y sabías quién serías conmigo, montamos nuestro pequeño teatro y
cantamos nuestras las líneas.
Decidimos ser el libro que leemos de vez en cuando, sin
mirar en los capítulos pasados, sin preguntarnos cuando terminaría, yo te
ignoro cuando preguntas en que dirección vamos, tú te burlas cada que me marcho
reprochando mis heridas.
No dudamos en tomar caminos separados, confiamos en que volveremos
a vernos algún día. No titubeamos en lastimar al otro, tampoco pensamos dos
veces antes de volver a aceptarnos.
No me importa resfriarme por mojarme cuando llueve.
Si no vuelvo a verte, puedo afirmar que no te extraño, si volvemos a encontrarnos, podremos disfrutar otro gris día.

Comentarios
Publicar un comentario