Cómo matar el amor



Haciendo memoria, ahora que terminó el shock que conlleva portar un corazón roto, me dispongo a averiguar cómo hemos terminado en esto.

Nuestro amor nace de la casualidad de coincidir, donde la novedad y el encanto se encargaron de unirnos,
donde encontré mi pasión en tus ojos y tú encontraste paz en mi claridad. 

Crédulos como solo dos enamorados pueden serlo empezamos a construir nuestra vida alrededor del otro, nuestros horarios, nuestras actividades, pensamientos y decisiones. Nos organizábamos perfectamente para entregarnos al otro, con pasión y romance parecía que lo teníamos todo.

No obstante la realidad comenzó a alcanzarnos, más allá de mí debías atender tu vida y yo no podía eludir más mis responsabilidades, tratamos de aterrizar nuestro romance, amarnos con los pies bien puestos en tierra.

Comenzamos una interacción ortopédica, encajamos el tiempo juntos en la rutina, el cansancio nos dejaba sin ánimos, aún cuando solo había ganas de descansar al final del día el cariño nos llamaba a compartir madrugadas con el otro, pero no somos de acero, el desgaste nos comenzó a afectar, tú ya no eras espontánea y yo cada vez menos meloso.

Sin darme cuenta estaba tan cansado que no tenía energías para que florecieran las cosas de mí que tanto te gustaban y tú con tantas ganas de salir de la monotonía que yo te transmitía, tu ausencia me resaltó con marcador tus defectos mientras estábamos juntos y tú me empezaste a ver como una fuente de culpas y reclamos. Claro que nos resistimos, tú me ofreciste dejar más de tu vida a un lado para que no te extrañe y yo por querer ser maduro me negué y me impuse el reto de no ser dominado por la nostalgia, qué tontos fuimos.

Nos esforzamos mucho por mantenernos juntos, quizá demasiado y solo ayudó a desgastar el encanto que aún le quedaba a lo nuestro. Éramos dos ciegos, yo no podía ver que en vez de aceptar que las cosas ya no eran como antes debí fijarme menos en tus defectos y adorar con más fuerza tus bondades, tú no debías sacrificar más de ti misma para evitar sentirte culpable por no darme suficiente y debiste poner más ánimos en disfrutar de los pequeños momentos.

Inevitablemente, terminamos, aún cuando teníamos bien claro que nos seguíamos amando, no pudimos encontrar una solución para salir juntos del fango. Acostumbrado a tenerte cada vez menos mi rutina apenas tuvo cambios y te decepcionó. pues tus expectativas eran verme devastado.

Para estas alturas aún cuando seguíamos perdidamente enamorados del otro, ya no podíamos recordar por qué nos gustábamos tanto, las discusiones, disgustos y ratos monótonos se volvieron tan grandes que apenas se asomaban esas cualidades que nos unieron en primer lugar.

Cuando caí en razón y supe que no podría soportar no compartir contigo al menos un momento de mi día tú ya tenías el corazón más que roto y las maletas hechas. Te propuse una última cita, nuevamente dejamos la realidad a un lado y elegimos vivir únicamente para el otro ese día.

Me veías como alguien con quien no coincidías hace tiempo, tan fresco, con unas egoístas ganas de que sin importar te mantengas a mi lado, con tanta pasión por amarte; Yo te vi libre de tristezas, tus hermosos ojos eran nuevamente resplandecientes, la calidez de tus gestos y palabras me hizo sentir que por fin, luego te danto tiempo, nuevamente tenía cerca a la chica que me amaba.

Pero terminó el día, y nos aferramos al otro toda esa noche, pero con la llegada de un nuevo amanecer nos separamos, aunque volvimos a experimentar en plenitud lo mucho que nos amamos,  tomaste tu camino y yo tomé el mío.

Teníamos muy claro cuánto nos amábamos, pero algo había matado nuestro amor y temíamos no poder identificar al asesino. En esta noche tan fría he resuelto el caso, pero después de tanto tiempo quizá ya no seas la chica a la que extraño tanto y tú en mí solo encontrarías un desconocido.

Torpeza, te declaro culpable de homicidio.


Comentarios