En un día ordinario un hombre decide ir al parque sintiéndose pensativo y confundido.
El parque está concurrido, era un día con un clima agradable.
El hombre tomó asiento en donde pudo, había otro hombre.
El otro hombre estaba leyendo un libro con apariencia antigua.
- ¿Qué lees? - Dijo el hombre.
- Una compilación de cuentos e historias cortas - Respondió el otro.
- ¿Y que tal te parecen?
- Me gustan, es la quinta vez que los leo.
- Vaya, debe gustarte mucho leer.
- Me agrada hacerlo, adoro poder sumergirme en mundos e historias interesantes.
- ¿Realmente es tan inmersiva la lectura?, siempre escucho esa frase, pero honestamente leer nunca ha sido lo mío.
- Lo es, deberías intentarlo un día de éstos.
- ¿Por qué no me lees algo?
- ¿Yo? jajaja
- Claro, léeme tu libro, tu cuento favorito.
- Yo no soy muy bueno declamando jajaja, podrías buscar el audiolibro.
- Lo sé, pero prefiero escucharlo de ti, de alguien que lo disfruta lo suficiente para haberlo leído ya cinco veces.
"El otro" dudó, e hizo falta algo más de insistencia por parte del hombre para que finalmente cediera, y cuando cedió... cuando "el otro" cedió, su narración inició con un poco de torpeza, titubeó las primeras dos líneas, pero el hombre no hizo burla alguna, no hizo comentario alguno y, a medida que la torpeza disminuía, la pasión empezó a inundar la narrativa de El Otro, y los minutos pasaron, las horas pasaron, era un cuento largo.
En el parque ya no había gente, se diluía a medida que la noche se colaba en el cielo.
- Wow - Dijo el hombre - Wooooow - Dijo nuevamente luego de percatarse de la hora.
El Otro se rio.
- Oye, de verdad me tengo que ir, no vivo muy cerca y realmente necesito partir ahora, muchas gracias por el magnífico rato, pude entender por qué te gusta tanto ese cuento, gracias.
- Ya, no me avergüences jajaja.
- No, de verdad, gracias por ayudarme a experimentar aquello de lo que tanto hablaban.
- Bueno, si tú insistes... "De nada" - Dijo en tono juguetón El Otro.
- Oye - Dijo el hombre mientras se levantaba y estiraba.
- Dime.
- ¿Puedo volver mañana para que me leas otro cuento?
- Bueno, yo vivo cerca y normalmente vengo a pasar el rato aquí mientras leo, si vienes y me encuentras, con gusto te leeré otro cuento.
- Fantástico, entonces hasta luego - Dijo el hombre, extendiendo su mano.
- Hasta luego entonces - Dijo El Otro sellando el trato.
El hombre cogió rumbo sin recordar siquiera como se sentía cuando llegó y El Otro se quedó admirando como se desvanecía entre las sombras de los árboles a medida que se alejaba.
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